sábado, 26 de noviembre de 2016

80 años de resistencia antifascista

Conferencia de Quico el 19 de noviembre de 2016 en "El Local de Memoria Histórica".



Presentación de la novela de Raimundo Castro "Los imprescindibles"

El periodista Raimundo Castro presentó su novela "Los imprescindibles" dedicada a la guerrilla antifranquista el 21 de noviembre en la Asociación de Amigos de la sidra de Madrid,  C/ Alonso del Barco, 4  en el barrio de Embajadores.

Intervinieron
- Francisco Martínez López "El Quico", ex guerrillero de la Agrupación de León-Galicia
- Dolores Cabra, Secretaria General de AGE (Archivo, Guerra y Exilio).
- Ana Domínguez Rama, editora e historiadora y miembro del Consejo Estatal de Podemos
- César Román, periodista, ex sindicalista y gerente de la sidrería A Cañada.


CAUM (Club de Amigos de la UNESCO de Madrid)
Atocha 20, 1º Izda. 28012 Madrid
Tfno: 91 369 1652
canal CAUM MADRID
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caummadrid@gmail.com
Grabación y edición: PacopepeGN



sábado, 5 de noviembre de 2016

45 Premis Octubre

Quico recibe un premio en los 45 premis de octubre en Valencia.

Esta mesa redonda tuvo lugar durante el congreso   «Els maquis: la resistència armada   contra el franquisme (1936-1965)» que se organizó en el marco de  la 45 edició dels Premis Octubre que celebra  la Fundacio Civica i de Pensament Joan Fuster.

El congreso fue impulsado por una comisión histórica de la verdad que componen  Historiadores como Pelai Pages, J.M. Santacreu y otros .

J.M. Santacreu  ( profesor catedrático en el Departamento Historia contemporánea de la Universidad de Alicante ) es quien modera la mesa redonda con Quico y Dolores Cabra ( Asociación Archivo Guerra y exilio) .​

Valencia del 26 al 29 d'octubre de 2016


Quico recibe un premio en los 45 premis de octubre en Valencia.

Quico, Juan Manuel Santacreu y Dolores Cabra.

Triptico Congreso.

"L'AGLA: l'Agrupació Guerrillera de Llevant i Aragó" 
Josep Sánchez Cervelló.


"Memòria de la guerrilla" 
Modera: J.M. Santacreu 
Intervienen: Dolores Cabra y Quico Martínez, l'últim guerriller 
(Mesa redonda).

Raoul Gonzalez Devis.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Quico participa en las jornadas sobre el maquis de los Premis Octubre

“No hacía falta ser muy revolucionario para que los falangistas te mandaran a la cuneta”


El exguerrillero Francisco Martínez “Quico”, de 91 años, participa en las jornadas sobre el maquis de los Premis Octubre

Batalló en la Segunda Agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia León entre 1947 y 1952, año en el que se exilió a Francia -después de ser condenado a muerte por el franquismo-, donde permaneció más de 25 años. Antes, entre 1942 y 1946, actuó como enlace de la Federación de Guerrillas León Galicia. Hoy nonagenario, con sólo once años Francisco Martínez López (“Quico”) ya era activista en los Servicios de Información Republicana (SIR). Y ha sido siempre comunista, militante del PCE. En su autobiografía “Guerrillero contra Franco. Guerrillero contra el olvido”, publicada por primera vez en París en 2000, señala como hito el dos de mayo de 1951: muere asesinado ese día el guerrillero leonés Manuel Girón Bazán, y sus compañeros en la resistencia -“Manolo”, “Jalisco”, “Atravesado” y “Quico”- huyen al exilio. Se liquidó, así, un periodo de lucha armada en la comarca leonesa de El Bierzo. Natural de una zona minera de León, Francisco Martínez López recibe las primeras sacudidas de la rebeldía durante la Revolución de Asturias (octubre de 1934). “En la casa de mis padres -un hogar de campesinos- se apoyó al movimiento”, recuerda en la 45 edición de los Premis Octubre celebrados en Valencia, que ha dedicado una jornada al maquis. El levantamiento se produjo también en una parte de León. Tenía nueve años, y en su casa acogían a algunos de los primeros “huidos” de la represión contra los mineros. Ya con el tiempo, pudo ir asimilando aquellos “impactos”.

Uno de los recuerdos que destaca “Quico” es la inspiración ideológica plural, pero sobre todo republicana, de la guerrilla; “se combatía por la defensa de unos valores”, en unos territorios golpeados por la represión ya durante los años 1933 y 1934 (“bienio negro”). “Los trabajadores querían derechos y libertad, por eso hicieron una huelga revolucionaria en 1934, contra un gobierno de derechas que paralizaba todas las reformas de la República”. Se contabilizaron víctimas en masa: entre 1.500 y 2.000 en todo el estado (algunos historiadores afirman que 4.000), además de los presos (entre 30.000 y 40.000). Su madre no estuvo en las barricadas, pero sí en los comités de solidaridad con los mineros. Sacar a los prisioneros a la calle (tras las elecciones de febrero del 36) y la victoria del Frente Popular, eran las consignas. Con otros jóvenes escolares, “Quico” permanecía movilizado. Así, cuando pasaban los camiones del carbón obligaban al chófer a alzar el puño y, si no accedía, le arrojaban piedras. Distribuían también propaganda electoral, y pegaban consignas en las paredes.

La experiencia (política) iniciática de Francisco Martínez Lopez, uno de los últimos guerrilleros vivos, se produjo el Primero de Mayo de 1936, cuando participó en la manifestación obrera de Ponferrada. Pidió a su madre una de aquellas zamarras rojas con las que los obreros desfilaban; y la consiguió, pero tuvo que esconderla después del 18 de julio, igual que los libros sobre la reforma agraria que leía su padre. Recuerda que nada más iniciarse la guerra, empezó también la “huida” de los mayores para ocultarse de las bandas falangistas, “que venían a robar y asesinar”. “Y no hacía falta tener mucha 'etiqueta' de revolucionario, todo el mundo era bueno para 'pasarlo' al camión y a la cuneta”. Con once años, él y otros menores ayudaban a ocultar a los perseguidos por la guardia civil o la Falange. Con la perspectiva que aportan los años, el exguerrillero rebate lugares comunes, como el de “echarse al monte”. “Nosotros formábamos parte de una guerrilla rural, y también urbana, pero no luchábamos en el monte”. Asimismo resalta la semilla de las ideas frentepopulistas y republicanas, sin las cuales no se entiende el movimiento y se habla por ejemplo de bandolerismo. También se ha ninguneado el rol de las mujeres y los niños en la resistencia. La mayor parte de los guerrilleros que “Quico” conoció en las comarcas leonesas eran autóctonos, aunque algunos habían escapado de los batallones que laboraban en las minas de carbón o de wolframio.

El itinerario vital y político del guerrillero está recogido en el libro “Guerrillero contra Franco”, publicado por las editoriales Syllepse (2000), A Nosa Terra (2006) y Latorre Literaria (2011); también en su blog “Memoria Cautiva” y en el audiovisual “Memoria Histórica. Guerrillero contra Franco”. Natural de Cabañas Raras (El Bierzo), desde pequeño conoció una guerrilla muy vinculada a la sociedad; había miles de enlaces y casas que acogían a los guerrilleros. “Los jóvenes nos reuníamos con ellos para que nos hablaran y entusiasmaran”, destaca Francisco Martínez en el Centre Octubre de València. Los encuentros también tenían el objetivo de que, poco a poco, los muchachos se ofrecieran para repartir octavillas y buscaran familias en otros pueblos, que ampliaran la base de apoyo. Así fue tejiéndose la red popular. Otras veces se utilizaba el sabotaje. “Quico” destaca un punto capital de la resistencia armada: “No hubo una cúspide política que decretara la existencia de la guerrilla, ésta surgió de la autodefensa durante la guerra civil”. Al finalizar la segunda conflagración mundial, la resistencia previó un contexto favorable en la lucha contra el dictador (por un supuesto apoyo aliado que nunca llegó) pero, sobrevenida la Guerra Fría y la política de bloques, “los occidentales entendieron que Franco era el mejor partido para evitar que en España hubiera un cambio 'radical' que escapara a su control”, explica Francisco Martínez.

“Quico” fue un activista entre muchos en los grupos de apoyo, al que descubrió la policía y el recurso que utilizó, antes de que le aplicaran la 'ley de fugas”, fue alistarse en el movimiento guerrillero. Sucedió el 22 de septiembre de 1947. Se trataba de continuar la lucha por otros medios. “Todas estas expresiones, diferentes pero no contradictorias del movimiento popular, no están hoy suficientemente matizadas”, señala “Quico”. Pero sí destaca el trabajo de algunos historiadores, como Ana Cabana, profesora en la Universidad de Santiago de Compostela y autora -entre otros textos- de “Entre a resistencia e a adaptación: a sociedade rural galega no franquismo (1936-1960)”, que caracteriza a la oposición antifranquista con todas sus raíces populares. El activista resalta la importancia del sujeto, de la biografía: “La historia personal nos construye una cultura”. Considera que detrás de todo militante, sea comunista, anarquista, socialista o republicano, “hay una ética y unas cualidades humanas”. Y a pesar de las diferencias ideológicas, subyace una causa común. En otros términos, “la compatibilidad de las diferencias”, un principio que defiende también para el presente.

Este sentido de la pluralidad lo vivió en casa de sus padres, donde acudían los compañeros del PCE, la CNT o el PSOE. El padre de “Quico” se apuntó a las ideas socialistas, mientras que el veterano exguerrillero optó por la militancia en el PCE desde 1944, “con todo lo que unos y otros me enseñaban”. A los comunistas como él, afirma, “se nos daba la consigna de resistir y nosotros teníamos ese entusiasmo por la resistencia; pero después se nos introdujo una cultura ‘exterior’ y partidista, que quería hegemonizar un movimiento que era plural”. Y llegaron los “choques” y las “arbitrariedades”, “se perdió la noción de quién es el enemigo, que pasó a ser el que tienes dentro”. Hoy Francisco Martínez López se continúa considerando comunista, con aquellos que entregaron su vida contra el fascismo: ése es el Partido.

El pasado 11 de septiembre “Quico” escribió una carta abierta a la dirección del PCE, titulada “Ése pasado que no tiene que caer en el olvido”, en la que demanda responsabilidades. Pide al Partido que reconozca públicamente los “repugnantes métodos” utilizados en los años de la guerrilla antifranquista, y la rehabilitación de quienes los sufrieron. En el texto se refiere a “ejecuciones sumarias” impuestas por la dirección. La misiva detalla las circunstancias de Víctor García Fernández, de 63 años, que en 2009 descubrió que su padre, Víctor García García “el brasileño”, fue asesinado en enero de 1948 cerca de Lalín (Pontevedra), por orden del Comité Central. “La respuesta ante tal arbitrariedad ha sido el silencio”, critica. Además, lleva varias décadas trabajando por el reconocimiento político de la guerrilla antifranquista y denunciando los “pactos de silencio” que fundamentaron la Transición. En 1996 inició la actividad militante en la asociación Archivo Guerra y Exilio (AGE), con la que participó desde comienzos de 2000 en las Caravanas por la Memoria. Hoy vive en El Campello (Alicante), imparte conferencias en colegios, universidades y asociaciones, al tiempo que apoya colectas y la recogida de testimonios de antiguos guerrilleros o detenidos en prisiones y campos de concentración. Actualmente, “hay una quiebra de los valores puros defendidos por el pueblo durante el franquismo”, lamenta.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Carta abierta de un comunista a la dirección de su partido

Ese pasado que no tiene que caer en el olvido
Carta abierta de un comunista a la dirección de su partido
Francisco Martínez-López 'El Quico'

Miembro activo del Partido Comunista de España desde 1944, he sido primero activista desde mis once años en los servicios de información republicana y enlace del movimiento de la Federación de Guerrillas de León Galicia. He luchado como guerrillero en la segunda agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia León desde 1947 hasta 1952, fecha en la que pasé al exilio en Francia . Secretario general del PCE en Francia de 1977 a 1990, miembro del Comité Central de 1983 a 1991: fiel a mis principios comunistas nunca he cesado, desde entonces, de militar en mi agrupación, en Francia y otra vez en España. Por todas estas razones me siento hoy con la autoridad política y moral para pedir a mi partido -el PCE- que reconozca públicamente los repugnantes métodos que utilizó durante los años de la guerrilla antifranquista y que rehabilite a quienes los padecieron y particularmente a las víctimas de las ejecuciones sumarias impuestas por la dirección del partido.

¿Cuánto tiempo tendremos que esperar aún para que lo haga?

En 2009, Víctor García Fernández, un hombre de 63 años, descubre que su padre, Víctor García García El Brasileño -a quien consideraba, hasta esas fechas, una víctima de la represión franquista- había sido asesinado cerca de Lalín en enero de 1948 obedeciendo las órdenes del Comité Central del PCE, dirigido en aquel momento por Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo. El cuerpo de El Brasileño fue arrojado al exterior del cementerio perteneciente a la Parroquia de Moalde en Silleda, no lejos de Pontevedra. Ahí es donde lo descubrió su hijo.

Pocos meses después escribe una carta a los miembros del Comité Central a través de Felipe Alcaraz, presidente del PCE, para pedirles que le informen, de forma oficial, ya que ellos tienen acceso a todos los archivos del PCE, “sobre los cargos que le imputaron” en aquel entonces desde la dirección del PCE a su padre y que les movieron a “tomar tan drástica solución”, según las palabras del mismo Víctor [1].

En el día de hoy, queda aún sin respuesta esa carta de Víctor García Fernández.

El Brasileño dedicó su vida a luchar por la emancipación y la libertad de los trabajadores: primero en Brasil, después en España cuando la Revolución de octubre de 1934 en Asturias, durante la guerra civil y en la guerrilla del Noroeste de España de 1942 a 1948. En ésta última etapa organizó junto con los resistentes de Orense, y en contacto con los servicios secretos ingleses, una línea de evasión para los aliados a través de España en dirección a Portugal; reorganizó también el PCE y las actividades antifranquistas en la zona fronteriza luso-galaica. En aquel momento, desde Francia, la dirección del PCE envía a sus ejecutores para desacreditarlo políticamente, intentando manchar su imagen delante de sus compañeros. Hasta que finalmente lo asesinan.

En enero de 1948, un comisario político escribe en su informe al CC “¡Ya lo hemos cazado, este perro!” Los documentos conservados en el Archivo Histórico del PCE dan cuenta de esa verdadera caza al hombre .

Con esta carta abierta quiero expresar todo mi cariño y reconocimiento hacia su hijo, Víctor García Fernández, y toda mi solidaridad con su combate para la rehabilitación de su padre. El asesinato de Víctor García García El Brasileño simboliza el de todos esos resistentes -fuesen o no comunistas- que durante los años de la dictadura cayeron no bajo las balas de los fascistas sino bajo las balas de los que ellos consideraban como sus compañeros y -en el caso de los guerrilleros comunistas- bajo las balas de miembros de ese partido en el cual habían puesto toda su confianza y todas sus esperanzas.

Estos asesinatos fueron cometidos en un contexto de depuración política. Al finalizar la segunda guerra mundial, los miembros de la dirección oficial del PCE -Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri, Enrique Líster, Vicente Uribe-, que se habían refugiado en la URSS o en América Latina después del pacto germano soviético de 1939, deciden volver a Europa para hacerse con las riendas del poder en el seno de la organización. Jesús Monzón que dirigía en aquel entonces el partido es destituido.

Entre 1944 y 1948, las purgas con acusaciones falsas se multiplican con el fin de sustituir a los hombres y a las mujeres que habían quedado en España para luchar contra la dictadura. Algunos, como Víctor García García El Brasileño , son acusados de monzonismo. Las campañas de desprestigio se desatan en las publicaciones clandestinas de la nueva dirección del PCE para apartar a esos antiguos cuadros de sus bases militantes. En 1948, la persecución se intensifica en varias zonas de resistencia, hasta conseguir la eliminación física de quienes -según dice la nueva dirección del PCE- “estorban”. Así, son asesinados Gabriel Trilla, Teófilo Fernández y otros camaradas que formarían una lista que para citarla aquí resulta desgraciadamente demasiado larga.

En la guerrilla combatí con el grupo de Manuel Girón. Con mis compañeros de la Segunda Agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia León nos enfrentamos a los miembros del aparato que la dirección del PCE en Francia había enviado a España para “enderezarnos”, según consta en los informes del PCE [2]. Es decir, se trataba de imponernos, con la máxima violencia, una cultura militarista totalmente contraria a la cultura de resistencia que nos unía, desde 1936, a los campesinos, a los mineros, vecinos, familiares y amigos que formaban la red de apoyo de nuestro movimiento de guerrillas.

Hemos comprobado cómo esa estrategia de depuración intentaba controlar nuestras redes de resistencia. Y, sobre todo, vimos cómo mataron a algunos de nuestros compañeros guerrilleros, que habían luchado toda su vida defendiendo la noble causa de una España libre. Así fueron, por poner algunos ejemplos, los casos de Miguel Cardeñas y Ceferino Álvarez Bailarín, comunistas asesinados, el primero en septiembre de 1949 en Sotadeiro (Orense), y el segundo quince días más tarde, en una marcha con Saúl Mayo y Emilio Villarino, dos mandatarios del aparato representado por Manuel Soto Coronel Benito, enviado desde París para usurpar la dirección del Ejército Guerrillero de Galicia León.

Las sospechas sobre esas muertes crecían al ver cómo se acumulaban tantas caídas de nuestros compañeros, y en circunstancias que nos resultaban muy difíciles de aclarar y aún menos de entender. Por ejemplo: la caída en Chavaga (Lugo) de seis compañeros entre los cuales se contaban los responsables de la Segunda Agrupación del Ejército Guerrillero de León Galicia: Evaristo Fernández Roces, Guillermo Morán, Gregorio Colmenero Porreto, Julián Albarca Guardiña, María Casanova y Ramón Casanava, dueños de la casa donde se produjo el combate.

Comprendimos entonces que nosotros -los que formábamos la guerrilla de Manuel Girón- estábamos también en la lista de los que “estorbaban” y cuya cultura de resistencia autóctona, fuente de su anclaje social, había que eliminar. Por eso, decidimos cortar con esos nuevos jefes del Ejército guerrillero y refugiarnos en zonas de apoyo que ellos desconocían.

Después de la muerte de Manuel Girón, algunos de nosotros pudimos exiliarnos a Francia. Hemos pedido, en enero de 1952, en un encuentro con los responsables del PCE en París, que nos informasen sobre quienes en las filas del Ejército guerrillero de Galicia León pretendían actuar en nombre del PCE. ¿Qué vínculos tenían con la dirección del partido los hombres que habían perpetrado aquellos asesinatos? ¿Cuáles eran las razones de tantas caídas enigmáticas en la guerrilla a partir de su llegada en 1946 hasta 1950? Nuestras preguntas quedaron sin respuestas. Aún estoy esperando.

64 años han pasado desde aquel encuentro parisino. 64 años no es nada. Años de lucha en el exilio, años de esperanzas.

64 años que no borraron tampoco en mí el recuerdo doloroso de los que cayeron bajo otras balas que las del enemigo franquista.

64 años buscando a tientas en un laberinto de mentiras y de ocultación, dentro de mi propio partido, las razones de su destino trágico.

64 años esperando que mi partido condene esas ejecuciones inaceptables, absolutamente injustas, contrarias en su totalidad a los valores que pretende defender, que dañaron la dignidad de tantos compañeros y compañeras que dieron su vida en su lucha contra la dictadura franquista, que dañaron también la dignidad de quienes sobrevivimos intentando mantener esa ética democrática que nunca abandonamos a lo largo de nuestra vida.

Durante mucho tiempo he callado públicamente porque las sospechas no son pruebas. Ahora las pruebas existen. También he guardado silencio pensando que, en aquel momento, la lucha contra la dictadura era la prioridad absoluta y porque en aquel contexto me preocupaba el riesgo de que mis declaraciones pudieran ser instrumentalizadas para debilitar esa lucha.

He denunciado públicamente las depuraciones de compañeros de las cuales fui testigo en la guerrilla en el testimonio que he publicado en el año 2000 bajo el título Guerrillero contra Franco [3] . Estoy esperando que lo haga también el PCE, mi partido de siempre.

Y que no me digan ahora que silenciar esos asesinatos de antifranquistas perpetrados por miembros de mi partido es necesario para poder denunciar las masacres en masa de la dictadura. Que no me vengan ahora con el argumento eterno de que sería “hacer el juego al enemigo”. Si no lo hacemos nosotros, con un necesario ejercicio de autocrítica que se ha retrasado tal vez demasiado en el tiempo, serán los herederos del franquismo y todos los que intentan establecer una equidistancia entre el fascismo del golpe de Estado y la defensa de la II República quienes impongan su interesada versión de los acontecimientos con el sólo intento de desacreditar nuestra lucha y nuestro compromiso con la libertad y la democracia.

Desde hace varios años he escrito tres cartas al actual secretario general del PCE, José Luis Centella, para pedirle no sólo información sobre los cargos que se le imputaron desde la dirección del PCE a Víctor García García El Brasileño sino también para exigir que desde las filas del PCE se denunciara su asesinato y se organizara un homenaje para dignificarlo. He multiplicado las llamadas telefónicas. Y sigo en espera, sin ninguna respuesta. ¿Se repite lo que me pasó en Paris en 1952? ¿Me enfrento, una vez más, al silencio y al desprecio igual que en aquel remoto encuentro parisino de mi exilio?

64 años han pasado, 64 años no es nada. ¿Acaso esos 64 años en verdad no cambiaron nada?

¿Qué motivos explican hoy, en el año 2016, ese silencio? ¿Se siguen ocultando la responsabilidad y las motivaciones del PCE en esas liquidaciones de compañeros resistentes que eran comunistas? ¿Cómo nuestra defensa de la memoria histórica de la lucha contra la dictadura podría ser creíble si no hacemos en nuestras propias filas y con transparencia ese trabajo auténtico de memoria?

Con las armas, fui un guerrillero contra Franco. Desde hace treinta años, con la palabra tuve que ser un guerrillero de la memoria democrática. Con las compañeras y los compañeros de las guerrillas de todas las regiones de España, en la asociación Archivo Guerra y Exilio (AGE), hemos multiplicado encuentros, debates, entrevistas, libros, combates políticos para transmitir aquella experiencia de resistencia armada al franquismo.

¿Qué sentido tendría ese “trabajo de memoria” que es el nuestro y que pretende hacer el PCE si a su vez sepultara la memoria de Víctor García García El Brasileño, la de Miguel Cardeñas, la de Bailarín , la de los hermanos Díaz (guerrilleros de la Cuarta Agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia León, asesinados en la Coruña), la de Francisco Corredor Serrano El Gafas, la de Francisco Blas Aguado Pedro , la de Juan Ramón Delicado González, asesinados en Levante y la de tantos otros resistentes ejecutados por haber intentado resistir a la imposición dictatorial de un modelo de organización totalitaria [4]?

Tengo noventa y un años y mi conciencia de comunista me impone hoy día otra batalla: conseguir que los que pretenden gestionar el legado de la memoria comunista respondan por primera vez a las preguntas de Víctor -el hijo de Víctor García García El Brasileño-, a las de Iván -hijo de Juan Ramón Delicado González- y a las tantos otros que no pudieron recibir la ternura y la digna herencia de sus padres. Y a las de ese joven guerrillero que fui yo, salvado de la muerte por los pelos, que llegó a París en 1952 y empezó a preguntar, ya entonces, por qué Miguel Cardeñas y los demás compañeros guerrilleros habían caído bajo las balas de comisarios políticos de su partido, el PCE.

http://memoriacautiva.blogspot.com.es/

[1] Sobre la encuesta de su hijo, ver: el artículo en el Faro de Vigo del 22 de marzo de 2009 http://www.farodevigo.es/portada deza-tabeiros-montes/2009/03/22/buen-nombre-padre/308637.html y su blog: Víctor García G. Estallino El Brasileño-blocs tinet.cat/t/ que describe su búsqueda de la verdad sobre el asesinato de su padre.

[2] Ver AHPCE, sección Nacionalidades y regiones, subsección Galicia León, informe de Galicia de principios de marzo de 1948. jacq 520-525.

[3] Martínez López Francisco, « El Quico» Guérillero contre Franco. La guérilla antifranquiste du León 1936-1951. Paris, Editions Syllepse, décembre 2000, 175 p ; Guerrilleiro contra Franco, Vigo, A Nosa Terra, 2006; Guerrillero contra Franco. Guerrillero contra el olvido, La guerrilla antifranquista de León Galicia (1937–1952), La memoria cautiva de la guerrilla (1952–2011), Madrid, Latorre Literaria, 2011.

[4] Vease Josep Sanchez Cervelló Maquis, El pu ň o que golpeo al franquismo, Barcelona, Flor del Viento ediciones, 2003.

lunes, 6 de junio de 2016

RAIMUNDO CASTRO: “LOS MAQUIS FUERON LOS GANADORES MORALES DE SU DESIGUAL BATALLA CONTRA EL RÉGIMEN VICTORIOSO DE FRANCO”


 http://www.teinteresa.es/



http://www.teinteresa.es/espana/ENTREVISTARAIMUNDO-GANADORES-DESIGUAL-REGIMEN-VICTORIOSO_0_1589841015.html

05/06/2016 - www.teinteresa.es, MADRID

- El periodista ha escrito la novela 'Los imprescindibles' sobre este movimiento guerrillero. Raimundo Castro, periodista y cronista político desde los inicios de la transición, ha escrito un libro, 'Los imprescindibles', que parece un claro homenaje a los maquis que combatieron con las armas en la mano, desde las montañas de las sierras de la geografía española, contra la dictadura franquista. Tardó más de 15 años en escribir la novela porque tuvo que ir corrigiendo lo escrito muchas veces tras sus encuentros con los maquis que quedaban vivos. Hoy sólo quedan con vida unos pocos y él los considera “ganadores morales” de su lucha contra el régimen, aunque reconoce que fueron los “perdedores política y militarmente”. También cree que se les debe un reconocimiento que nadie les ha dado todavía.

¿Cómo te vino la idea de una novela sobre los maquis?
Desde que empecé a militar en la izquierda a los 20 años y supe de la existencia de los guerrilleros antifranquistas pensé en hacer una historia sobre su sacrificio pensando que fueron los ganadores morales de su desigual batalla contra el régimen victorioso de Franco, aunque, militar y políticamente hablando, habían sido los perdedores. Para mí, recuperar su dignidad y agradecer su lucha era un deber ineludible de las nuevas generaciones que aspiraban a recuperar la democracia que había simbolizado la Segunda República, perdida pero no olvidada por más que el miedo la hubiera remitido al inconsciente colectivo.

¿Tardaste mucho en empezarla?
Desafortunadamente mis buenas intenciones toparon con el escaso conocimiento que se tenía de una memoria reprimida en todo lo que supusiera recordar el combate armado contra la dictadura. Era una larga historia que sólo habían mantenido la tradición oral y los informes, poco aireados y en muchas ocasiones falseados no sólo por el franquismo sino por los propios partidos que combatían abiertamente contra la dictadura durante los primeros años de la década de los setenta. A ello se añadió mi inexperiencia personal como escritor. De manera que en 1979 hice una novela, 'La quema', sobre el desencanto que había generado en los jóvenes revolucionarios españoles el inicio de la transición por las concesiones que había implicado optar por lo que se llamó reforma democrática en lugar de hacerlo por lo que se denominó, por contraposición, 'ruptura democrática'. Y desde entonces, una vez publicada, empecé a prepararme, documentándome y viajando a los escenarios de esa larga lucha de resistencia, hasta fraguar por fin, más de 35 años después, las ochocientas páginas de 'Los imprescindibles'.

¿Cuánto tiempo te llevó escribirla?
Escribirla 15 años. Porque tuve que cambiar muchas cosas según iba descubriendo la verdad oculta, que era mucha. Y reescribirla. Y encontrar un estilo propio. Y hasta cortar casi trescientas páginas. Porque, además, yo me negaba a aceptar, aunque me hacía mucha gracia, lo que escribió Valle-Inclán de que el deber de todo escritor es matar de hambre a su familia y por eso opté por hacerme periodista. Para comer. No es mal oficio. Incluso me permitió contar algunas veces la verdad y escribir, más allá de los periódicos, libros de ensayo, biografías y hasta una recopilación de poesía de nuestros políticos de todos los colores. Eso me sirvió de experiencia.

Teniendo en cuenta que la memoria histórica sigue escondida en el baúl de los recuerdos, y aún más lo relacionado con los maquis, ¿es buen momento para sacar un libro como el tuyo?
Precisamente por eso, por la necesidad que existe de combatir el olvido por nuestro bien y el de nuestros hijos, es por lo que siempre es buen momento para escribir de los maquis, de los guerrilleros antifranquistas. Su heroicidad, su dignidad en defensa de la libertad y la democracia, su honradez radical son un ejemplo impagable para las generaciones venideras. Y devolverles la vida, aunque sea literariamente, reconocer su esfuerzo es un acto de justicia que debería extenderse a un mayor reconocimiento oficial de nuestras instituciones democráticas. Todos los españoles, sin excepción, debemos pedirles perdón por el abandono que han sufrido y restituirles el honor que nunca perdieron y el franquismo quiso quitarles llamándoles “bandoleros”.

La novela empieza cuando se encuentran una joven activista del 15-M y un antiguo maqui que recuerda su historia, ¿qué relación existe entre ambas cuestiones?
Es que el 15-M debe ser, sin falta, y sin demora, la base de ese reconocimiento histórico que se merecen. El nuevo espíritu surgido en la Puerta del Sol tiene la misma finalidad de dignificación de la vida que ellos representaron. Lucharon hasta morir porque creían que debían hacerlo. Aunque todo estaba en su contra, siguieron luchando hasta el final porque, de no hacerlo, se sentían indignos de sí mismos. Y eso, hoy, se traduce en una máxima increíblemente elemental. Hoy, ser honesto es ser revolucionario. Pone patas arriba el sistema. Pero no el sistema como una abstracción. Poner patas arriba la democracia corrompida. Porque es como decir, '¡oiga, yo no voy a robar con la excusa de que todo el mundo roba!', o 'mire usted, señor patrón, yo no voy a traicionar a mis compañeros aunque me despida'.

¿Se está en deuda con los maquis?
¡No sabemos cuánto! Deberíamos avergonzarnos del mal trato que les hemos dado, de nuestra ignorancia, nuestra desidia. Sólo hay que pensar que los guerrilleros antifranquistas que fueron fusilados o asesinados por garrote vil en la España de los cuarenta del siglo pasado, como el asturiano Cristino García Granda por ejemplo, fueron y siguen siendo héroes en Francia por haber luchado contra la ocupación nazi y haber vencido a los ejércitos de Hitler.

¿Se conoce realmente el papel que jugaron o se sigue pensando que eran salteadores de caminos?
Muchos pequeños grandes historiadores, como yo les llamo porque, salvo excepciones como el catalán Pons Prades, el cordobés Francisco Moreno o el leonés Secundino Serrano, entre otros que pido que me perdonen por no extenderme, han dedicado su vida a desentrañar la miserable documentación oficial de la dictadura en sus respectivas comunidades autónomas. Y gracias a ellos, hoy se sabe bastante de lo que pasó. Pero falta eso, que el sacrificio de los maquis se cuente en los colegios, en las universidades, se recoja en los libros de historia. Y que se trate como se merecen a ese puñado de valientes que rondan los noventa años y todavía siguen recorriendo España para contarlo. Los que ahora son, como Esperanza Martínez o Francisco Martínez, 'Quico', guerrilleros de la memoria, guerrilleros contra el olvido.

Habrás tenido que hablar con muchos maquis, ya casi todos muertos. ¿Qué has aprendido de ellos?
A ser humilde. O a combatir contra mí mismo para serlo.

¿Has encontrado algún partido o diputado que respalde las reivindicaciones de estos guerrilleros contra el franquismo?
Ha habido muchos diputados de izquierdas que han luchado por restaurar la memoria de los maquis. Incluso alguno de centro o de derechas. Pero todos, salvo excepciones como la de Joan Tardá, de ERC, o la de Joan Baldoví, o algunos ex como el socialista Victorino Mayoral o el historiador que cité antes, Francisco Moreno, que fue diputado del PCE, acabaron estrellándose contra el interés de sus aparatos. Y es que la memoria de los maquis es la de la oposición armada a Franco. La de socialistas, comunistas, anarquistas, incluso de muchos sencillos hombres de bien que se echaban al monte para que no los matasen porque eran leales a la República y a su memoria. Y a nadie, en esta transición descafeinada, le ha gustado hablar de tiros, de violencia. En eso, otro exdiputado, el fundador de IU Gerardo Iglesias, ha sido contundente en el análisis. Convirtieron una concesión que debía ser coyuntural para evitar una guerra civil tras la muerte de Franco, la del olvido, en una renuncia que perdura hasta hoy. En todo caso, mi novela quiere ser un granito de arena que ayude a materializar el principio de que nunca es tarde para hacer justicia.